la llegada a casa: el bajón

11 Nov

Supongo que qué cueste adaptarse al llegar a casa es normal ya que tener un hijo (sea de la forma que sea) es un cambio importante. Tampoco es fácil muchas veces vincularse a un niño que está en plena adaptación y te hace la vida imposible (que no duerme ni una noche, que tiene reacciones violentas, que después no te deja ni respirar, etc…), pero cuando las rutinas se van asentando las cosas se hacen más fáciles para ambos, las rutinas ayudan al niño y ayudan también a los padres. También creo que es normal que después de una proceso largo, con muchas tensiones, etc… el cuerpo se relaje y no puedas más… a mi me pasó eso, después de 18 meses sin parar, yendo y viniendo de Marruecos, me costó mucho volver a la vida normal, volver a coger un ritmo de trabajo, volver a hacer cosas normales, a estar en casa tranquila sin tener las maletas hechas… etc…

Estoy segura que la relación con mi hijo (que no digo que sea mala, ni que no estemos vinculados) sería muy distinta si me lo hubiera podido llevar el primer, o el segundo o el tercer viaje y si nunca me hubiera tenido que ir pensando que no le iba a ver más… por mi parte y por la suya.

Al necesitar crear una distancia emocional con el niño después de pensar que la kafala iba a ser denegada, etc… cuesta volver a establecer este vínculo porque creas una barrera importante.

Cuando vi a mi hijo la primera vez y lo tuve en brazos la verdad es que no sentí mucha cosa, era mono y claro un bebe… pero por la tarde cuando le di el primer biberón ya sabiendo que ese era el niño, fue distinto. Fue como un flechazo y fue así todos los días de ese primer viaje.

Pero, ese enamoramiento ya no lo tengo, lo dejé por el camino kafalero, no sé si bloqueado o es que el sentimiento tiene que desaparecer para convertirse en otra cosa.

Durante el proceso el sentimiento que me movía, una vez bloqueado el enamoramiento, era un sentimiento de responsabilidad hacia el niño… Y cuando llegué a casa el sentimiento que me movía era el mismo, el de responsabilidad… y no fue este sentimiento el que me hizo sentirme mal o agobiarme, no me cayó encima de golpe porque lo tenía durante todo el proceso. Pero ese no es el sentimiento que se supone que te tiene que motivar y es duro, porque al niño ves que no le mueve lo mismo, y al resto de familia tampoco.

Cuando llegué a casa lo único que me recordaba el proceso de kafala era el niño, y te salen reacciones y pensamientos que son totalmente irracionales, porque está claro que el niño no tiene nada que ver con el proceso y lo mal que lo podemos haber pasado, por suerte somos gente adulta y nos sentamos y pensamos en lo irracional que es eso que sentimos, y poco a poco esos pensamientos irracionales desaparecen. Al niño le pasa lo mismo, porque todo lo mal que lo ha pasado (durante el proceso), sus recuerdos de l centro dónde estaba, está relacionado contigo, y él no puede sentarse y pensar que lo que siente es totalmente irracional… y eso a veces hace que las cosas se nos pongan más difíciles para empezar a quererles de verdad.

Supongo que es normal que la gente que no ha vivido el proceso contigo (o un proceso similar) no entienda que no te sientas vinculado a ese niño, o que dudes si le quieres o no, pensar que te has equivocado y que no deberían haberte dado al idoneidad, incluso después de haber estado mucho tiempo intentado traértelo a casa…

Pero te sigue moviendo algo y si no está el sentimiento haces como que está y bueno, el amor surge o está allí y acaba aflorando. Como todo en este proceso de adaptación necesita tiempo y no hay que ponerse fechas.

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Una respuesta to “la llegada a casa: el bajón”

Trackbacks/Pingbacks

  1. ¿Somos mejores padres? « una madre de Marte - 27 noviembre 2011

    […] Pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que el deseo no está necesariamente ligado a las capacidades parentales: niños llegados de penalty han sido muy queridos y bien cuidados, y niños aparentemente muy deseados han hecho descubrir a sus padres que los retos reales de criar a un hijo no tienen mucho que ver con lo que imaginaban (que quizás se parecía más a jugar a las muñecas); y las dificultades del proceso pueden desgastar y agotar a muchas familias, que llegan sin fuerzas a los retos del día a día con sus hijos, y que les pueden hacer poner una barrera emocional entre ellos y los niños para sobrevivir a las múltiples separaciones e incertidumbres, como narra la autora del blog Al Kafala en esta entrada. […]

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